martes, 16 de septiembre de 2008

El terrorismo como materialización de la lucha de clases

La efectividad del terrorismo como método para lograr un cambio social era una de las cuestiones más calurosamente debatidas en el movimiento revolucionario ruso a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Entre los marxistas rusos se desarrollaba una constante lucha polémica debido a las acciones de fuertes organizaciones que desarrollaban métodos terroristas, la Narodnaia Volia (Voluntad del Pueblo) y el Partido Social Revolucionario. A la orientación hacia los asesinatos individuales de funcionarios odiados y a las acciones violentas puntuales contra sectores de la burguesía, otros contraponían la necesidad única de organizar a las masas de obreros y campesinos rusos para la acción contra el zarismo.
En las últimas décadas, como respuesta a las brutalidades e inhumanidades del capitalismo, ha tenido lugar un incremento de los secuestros, ejecuciones, bombas y otros actos que, por un lado, los gobiernos pro-imperialistas han calificado de terroristas, y por otro, ha llevado a la izquierda a discutir intensamente acerca de su utilidad. Desde los años 60 se observó el surgimiento de organizaciones como, por ejemplo, los Tupamaros en Uruguay, Ejército Revolucionario del Pueblo o Montoneros en Argentina, ETA en el Estado español, IRA en Irlanda, la organización palestina Setiembre Negro y diversos grupos pequeños en los Estados Unidos como los Weathermen y el Ejército de Liberación Simbiótico. En muchas partes del mundo la burguesía las calificó de terroristas. Hoy el debate continúa dado el protagonismo que siguen tomando organizaciones como ETA, FARC en Colombia, o el Frente Popular para la Liberación de Palestina. Los mismos problemas que debatía hace un siglo el movimiento revolucionario ruso se discuten ahora nuevamente en todo el mundo.

¿TERRORISMO INDIVIDUAL O TERRORISMO COLECTIVO?

Trotsky hablaba sobre lo que la clase burguesa entendía por terrorismo, forma perversa que pretendía adjudicar a los obreros:
"Nuestros enemigos de clase tienen la costumbre de quejarse de nuestro terrorismo. No resulta claro que quiere decir. Les gustaría ponerles el rótulo de terrorismo a todas las acciones del proletariado dirigidas contra los intereses del enemigo de clase. Para ellos, el método principal del terrorismo es la huelga. La amenaza de una huelga, la organización de piquetes de huelga, el boicot económico aun patrón superexplotador, el boicot moral a un traidor de nuestras propias filas: todo esto y mucho más es calificado de terrorismo. Si por el terrorismo se entiende cualquier acción que atemorice o dañe al enemigo, entonces la lucha de clases no es sino terrorismo. Y lo único que resta considerar es si los políticos burgueses tienen derecho a proclamar su indignación moral acerca del terrorismo proletario, cuando todo su aparato estatal, con sus leyes, policía y ejército no es sino un instrumento del terror capitalista.
Sin embargo, debemos señalar que cuando nos echan en cara el terrorismo, tratan, aunque no siempre en forma consciente, de darle a esta palabra un sentido más estricto, menos indirecto. Por ejemplo, la destrucción de las máquinas por parte de los trabajadores es terrorismo en este sentido estricto del término. La muerte de un patrón, la amenaza de incendiar una fábrica o matar a su dueño, el atentado a mano armada contra un ministro: todos éstos son actos terroristas en el sentido estricto del término."
Pero el análisis de Trotsky buscaba, además, la crítica de la práctica de un "terrorismo aislado" como método de combatir al poder:
"Sólo la clase obrera consciente y organizada puede (...) cuidar de los intereses proletarios. Sin embargo, para asesinar a un funcionario del gobierno no es necesario contar con las masas organizadas. La receta para fabricar explosivos es accesible a todo el mundo, y cualquiera puede conseguir una pistola.
En el primer caso hay una lucha social, cuyos métodos y vías se desprenden de la naturaleza del orden social imperante; en el segundo, una reacción puramente mecánica que es idéntica en todo el mundo, desde la China hasta Francia: asesinatos, explosiones, etcétera, pero totalmente inocua en lo que hace al sistema social.
Una huelga, incluso una modesta, tiene consecuencias sociales: fortalecimiento de la confianza en sí mismos de los obreros, crecimiento del sindicato, y, con no poca frecuencia, un mejoramiento en la tecnología productiva. El asesinato del dueño de la fábrica provoca efectos policíacos solamente, o un cambio de propietario desprovisto de toda significación social.
Que un atentado terrorista, incluso uno 'exitoso', cree la confusión en la clase dominante depende de la situación política concreta. Sea como fuere, la confusión tendrá corta vida; el estado capitalista no se basa en ministros de estado y no queda eliminado con la desaparición de aquéllos. Las clases a las que sirve siempre encontrarán personal de reemplazo; el mecanismo permanece intacto y en funcionamiento.
Pero el desorden que produce el atentado terrorista en las filas de la clase obrera es mucho más profundo. Si para alcanzar los objetivos basta armarse con una pistola, ¿para qué sirve esforzarse en la lucha de clases? Si una medida de pólvora y un trocito de plomo bastan para perforar la cabeza del enemigo, ¿qué necesidad hay de organizar a la clase? Si tiene sentido aterrorizar a los altos funcionarios con el rugido de las explosiones, (...)¿para qué hacer mítines, agitación de masas y elecciones si es tan fácil apuntar al banco ministerial desde la galería del parlamento?"

"NO EN LUGAR DE LAS MASAS, SINO JUNTO A ELLAS"

Dentro de este debate, camaradas del Partido Social Revolucionario (PSR) ruso respondían a algunos puntos:
"No en lugar de las masas, sino junto con ellas. El terrorismo, empero, es una forma de lucha demasiado 'absoluta' como para contentarse con un papel limitado (...)".
"Es imposible, dada la naturaleza del armamento moderno, que las masas populares utilicen tridentes y palos -armas milenarias de defensa popular- para destruir las bastillas de los tiempos modernos", dijo Jdanov, abogado defensor de los terroristas, durante el juicio de Kaliaev. Después del 9 de enero [masacre del 'domingo sangriento' que marcó el comienzo de la Revolución Rusa de 1905] comprendieron bien la situación; y respondieron a la ametralladora y al fusil de repetición con el revólver y la bomba; ésas son las barricadas del siglo XX. Los revólveres (...) en lugar de los palos y tridentes del pueblo; bombas en lugar de barricadas: tal es la verdadera fórmula del terrorismo".
Las reflexiones de los camaradas del PSR se basaban en la combinación de acciones armadas y lucha popular. Concibiendo las acciones armadas como actos puntuales de enfrentamiento con la clase burguesa, siendo inherente al aumento del nivel de violencia en la lucha la agudización de la lucha de clases.
Ellos planteaban la combinación del ejercicio del terrorismo con la lucha de masas. Sin embargo, Trotky entendía las acciones terroristas como "medios mecánicos", no como actos revolucionarios. Explicaba: "¿qué pasa con la revolución? (...) La revolución no es una simple suma de medios mecánicos. (...) Su victoria la garantiza sólo la función social del proletariado. La huelga política de masas, la insurrección armada, la conquista del poder estatal; todo está determinado por el grado de desarrollo de la producción, la alineación de las fuerzas de clase, el peso social del proletariado y, por último, por la composición social del ejército, puesto que son las fuerzas armadas el factor que decide el problema del poder en el momento de la revolución."
TERRORISMO DE MASAS
Pero Trotsky sí defendió el terrorismo revolucionario que las masas oprimidas pueden emplear contra sus opresores, como ocurrió por ejemplo en la Guerra Civil rusa o décadas más tarde en Vietnam, en respuesta al despliegue terrorista iniciado por los contrarrevolucionarios.
"Quien rechaza por principio el terrorismo, es decir, las medidas de opresión e intimidación contra la enconada contrarrevolución armada, debe renunciar a la soberanía política de la clase obrera, a su dictadura revolucionaria. (…) La revolución pide a la clase revolucionaria que alcance su meta por todos los medios posibles: si es necesario, por el levantamiento armado, si es necesario, por el terrorismo... dirigido contra una clase reaccionaria que no quiere abandonar el escenario, el terror puede ser muy eficaz. La intimidación es un recurso poderoso de la política, tanto interior como exterior. La guerra se basa tanto como la revolución sobre la intimidación."
Aquellos comunistas que defendían las acciones terroristas planteaban que si el terror era factible para un bando, no debía considerarse vedado para el otro.
"Por supuesto que el asesinato de 'tiranos' es casi tan antiguo como la institución de la 'tiranía', y los poetas de todas las épocas le han cantado más de una loa a la daga libertadora, pero comprendan que no adelantarán un paso con predicar el pacifismo, que están en un círculo que va del social-pacifismo al social-chauvinismo y del social-chauvinismo al social-pacifismo. Nosotros les decimos: el socialismo se volverá guerra civil organizada, o no será..." (A. Zinoviev).